21 de noviembre de 2009

El vacío


Tengo un agujero en el pecho por el que entra el aire a presión y me ahoga.

No soy capaz de llorar pues todos mis líquidos se escurren por el.

Siento frío y calma. Y un vacío inmenso que crece según pasan las horas.


Esta rendija por la que una vez te escapaste y que ha comenzado a abrirse,

Hoy en día es un surco en la carne, cavado a base de mentiras

Por mi imaginación errante que como un marinero esquiva las olas.


Eres una incógnita en mi vida que me devora la mente como un gusano

Mordiendo cada recuerdo, refugiado en cada mirada.

Produciendo en mi cuerpo de manzana este agujero insano.


Tal vez un día consiga taparlo.

Puede que llegue el día en que sepa como hacerlo,

Sin imaginar unos brazos que me rodean,

Borrando recuerdos que creía olvidados.


28 de octubre de 2009

Agatha


Agatha, el viento susurraba su nombre, pero ella no lo oía. Pobre Agatha, abandonada, perdida en un mundo que no estaba hecho para ella. Un ser perfecto por dentro al que se le negó su derecho a ver la vida. Agatha, sin una oportunidad de contemplar los sueños pasar. Nunca supo como llegó a aquella isla, debieron de deshacerse de ella como un árbol que se desprende de sus hojas. Ciega y sorda sobrevivió como pudo durante algún tiempo. El hambre la venció, aunque lo que realmente acabó con ella fue la pena, una pena que crecía con el paso del tiempo y le rompía el corazón. Agatha, virtudes y defectos que nadie jamás conoció. Todos los días lloraba y soñaba que alguien la hablaba y lo podía escuchar. Todos los días se decía que alguien volvería a por ella, pero se mentía.


Un día el frío entró en su cuerpo, sintió una llamada de la tierra, insistente. Le flaqueaban las rodillas y se tumbó, la tierra caliente la ayudó a pasar la noche, pero no el siguiente día, en el que finalmente se derrumbó. Dos años más tarde alguien volvió. Alguien a quien la culpa no le había dejado vivir, alguien que se había odiado día tras día durante los últimos dos años. Nadie habría sido capaz de sobrevivir en aquella isla que no era más que un pedazo de tierra. El suelo estaba caliente, la tierra removida, una voz silbó entre las flores, pronunciando un nombre que jamás olvidaría, Agatha, el nombre de su hija.


21 de septiembre de 2009

El Bosque de Waipoua

Existen árboles cantores, es un hecho. Son pocos los que alguna vez han tenido la suerte de poder escucharlos, y los que lo han hecho aseguran que es una de las experiencias más maravillosas que han vivido. Estos árboles, llamados Kauríes, solo crecen en El Bosque de Waipoua situado en la isla norte de Nueva Zelanda.


Este fenómeno se producen gracias a unas hojas especiales que crecen en la copa de estos árboles y que, por frotamiento entre ellas debido a la brisa nocturna, da como resultado unos sonidos armónicos bellísimos.


Los Kauríes tienen una memoria extraordinaria, son capaces de interpretar cualquier canción que escuchen, de hecho, cada noche son capaces de cantar una media de 50 canciones diferentes.

Se habla de un Kaurí milenario que, según dicen, a lo largo de su vida interpretó más de 15.500.000 temas. Esté maravilloso árbol murió, sin embargo, como todos saben, cuando un Kaurí muere es incapaz de cantar, pero sigue teniendo un oído excelente.


Desafortunadamente, estos fabulosos árboles se están extinguiendo, ya que los Kauríes solo son capaces de aprender a cantar si escuchan a una persona hacerlo, y si no aprenden en sus primeros años de vida ya jamás lo conseguirán.


Por este motivo, se están tomando medidas y, hoy en día, al igual que en los bosques corrientes podemos encontrar carteles prohibiendo arrojar vidrios y recoger las colillas, en El Bosque de Waipoua, se ruega cantar todo lo que se pueda y cuanto más alto mejor para poder preservar esta magnífica especie.


7 de septiembre de 2009

Te Siento


Puedo olerte desde aquí.

Olor a pueblo en el que hace poco que ha llovido.

Hueles a amanecer y a pimienta, a madera quemada y a trigo,

Ese que cambia de color cuando el sol lo calienta.


Puedo sentirte desde aquí.

Como una pluma que roza mi pelo,

Como una lágrima resbalando por mi mejilla caliente.

Siento tus manos tejiendo,

Telarañas ardientes que se adhieren a mi cuerpo.


Puedo sentir desde aquí tu mirada.

Pupilas que me retuercen y agitan, que me desnudan y enroscan.

Brillo en tus ojos que como un fósforo enciende mi cuerpo de cera,

Mendigo que con farolas busca mi boca en la niebla.